POLVORA E INFIERNITOS

Resumen anual

PRI Guanajuato 2015: La nueva debacle Como si la recuperación experimentada en 2012 hubiese sido un espejismo, el PRI Guanajuato volvió a las andadas en las elecciones intermedias 2015 con un desplome electoral de antología y la acentuación de viejos vicios y debilidades que en realidad nunca se fueron. Pocas cosas positivas que contar para el tricolor en este 2015. Si en 2012 ganó la joya de la corona que es la alcaldía de León y otras emblemáticas como Dolores Hidalgo y San Miguel de Allende, en este 2015 las perdió. Su votación estuvo en los niveles más bajos en lo que va del presente milenio y la guerra interna volvió a ser parte del paisaje natural de este partido con acusaciones sin fin y la consabida petición de renuncia de los impugnadores en turno hacia quienes detentaron la dirigencia en este fatídico año. La ruptura es una divisa común en el priismo guanajuatense pero en esta ocasión alcanzó hasta a quienes se habían aliado un año antes para derrotar al grupo hegemónico encabezado por Francisco Arroyo Vieyra, uno de los pocos que en lo personal y familiar puede presumir que salvó el pellejo y tuvo balance positivo en el año que se va. El dirigente estatal, Santiago García López, que derribó un año antes al grupo arroyista que parecía invencible en la dirigencia estatal, vio debilitada la alianza que lo llevó al poder y se sostiene en el cargo por la fuerza de los estatutos pero no por la del convencimiento y del trabajo interno. En el análisis de lo que ocurrió en el PRI durante este 2015, el dato que marca la pauta es el resultado electoral. Perder municipios que se gobernaban habla de una mala evaluación ciudadana del quehacer priista desde el poder. Padecer la división del bloque que se había unido en la anterior contienda por la dirigencia estatal, denota incapacidad para construir un partido con institucionalidad, alejado de los apetitos personales y los mesianismos. Que el fuego amigo vuelva con toda su potencia es señal inequívoca de que en este partido, nadie puede arrojar la primera piedra cuando se critica al adversario interno por buscar lucrar con la derrota o de anteponer los intereses de grupo a los de la institución. La tormenta perfecta Los números hablan por sí solos. Si bien, la votación del tricolor no cayó en grandes proporciones respecto a otras elecciones intermedias, la pérdida de posiciones fue clara. El PRI obtuvo 10 municipios, cuatro menos que las elecciones intermedias del 2009 y seis menos que las elecciones del 2012. Perdió también los municipios de León, Dolores Hidalgo y San Miguel y los distritos que habían arrebatado al PAN en el municipio zapatero. En el Congreso perdieron tres posiciones y sólo tendrán ocho diputados, cinco de ellos logrados a través de la representación proporcional. Y como no hay deporte que mejor practiquen los tricolores que hacer leña del árbol caído, no esperaron mucho las peticiones para que Santiago García se marchara de la dirigencia estatal. Sus malquerientes, que no son pocos, buscaron afanosamente por todos los medios posibles alimentar la percepción de la caída inminente de García López quien, sabedor de la debacle, se colocó como primer lugar en la lista de plurinominales locales. El ahora diputado local emprendió una campaña cuya bandera nadie le compró al interior del PRI porque denotaba poca seriedad y nula autocrítica: “fuimos víctimas de una elección de estado”. Una auténtica vacilada. Tras la derrota, comenzaron los deslindes. Santiago García había sido llevado a la dirigencia estatal con el respaldo del triunvirato formado por Gerardo Sánchez, Bárbara Botello y Miguel Ángel Chico. Este último no esperó mucho para pintar su raya frente al dirigente estatal, pues hasta pidió perdón por haberlo apoyado para esa causa. Gerardo Sánchez mantuvo el respaldo con bravuconadas del tipo: “Aquellos que quieren que se vaya, con tranquilidad repetimos la elección y se las volvemos  a ganar”. Mientras tanto, Bárbara Botello fue más reservada pero no despotricó: “Hay una dirigencia electa para un periodo de 4 años”. Miguel Ángel Chico ya estaba resentido porque a Luz María Ramírez, la secretaria general que él había propuesto, fue ninguneada por García López. Botello, no tenía motivos para buscar pleito, pues al fin y al cabo, los delegados Marcelino Bravo y Fernando Moreno le reportaban y eran afables a sus intereses sobre todo cuando se trataba de hacer la vida de cuadritos a Ángel Córdova. Por su parte, Francisco Arroyo, cuyo liderazgo con su grupo tradicional ya estaba menguado desde el año anterior, pudo sacar a flote sus dos proyectos fundamentales. Hacer diputada federal a su hija Érika Arroyo Bello y lograr la sobrevivencia política en el erario con la designación como jefe de la oficina de la Cancillería, un cargo que no era su sueño ideal pero que sirve para mantenerlo vigente. Así las cosas, Santiago García pudo mantenerse a flote. Contrario a lo que algunos podrían suponer, el arribo de Manlio Fabio Beltrones a la dirigencia nacional del PRI resultó un seguro de permanencia. Aunque el nuevo jerarca priista es el padrino político de Francisco Arroyo Vieyra, nunca tuvo la intención de descabezar a un dirigente electo estatutariamente. La batalla de los débiles Lo que hoy apreciamos en el PRI es la batalla de los débiles porque nadie tiene la fuerza suficiente para erigirse como referente y factótum en el estado. Santiago García es el presidente por la fuerza de los estatutos y porque en el CEN no quieren agitar aguas en estados que no son prioridad. No pudo ser coordinador de la bancada en el Congreso local y su gran sostén sigue siendo el senador Gerardo Sánchez. También lo respalda Bárbara Botello aunque la relación entre ésta última y Sánchez no está en los mejores términos. La primera de ellas no está para armar revoluciones ahora y el segundo con la pérdida de fuerza tras dejar de ser el dirigente de la CNC. Miguel Ángel Chico ha tejido acercamientos con Francisco Arroyo, un hecho impensable hace algunos años. También, construye puentes con personajes que estuvieron ligados al arroyismo como Yulma Rocha o Javier Contreras. De hecho, el grupo del ahora funcionario federal o está en su mejor momento o parece en declive natural. En el Congreso local, Jorge de la Cruz, en su calidad de coordinador de la bancada, ha dado muestras de su novatez en el arranque de la legislatura al ser avasallado por el impetuoso Éctor Jaime Ramírez Barba que ha obtenido mejores réditos con los adversarios políticos que con los de casa. En suma, no parece haber hoy un referente con fortaleza en el PRI. Los liderazgos se han diluido y se debilitan. Parece indispensable un recambio, un golpe de timón o un relevo generacional que no se aprecia por ningún lado. Lo que sea que rescate a este partido de la eterna guerra intestina y de la autodestrucción. Los factores de la debacle priista Malos gobiernos que derivaron en derrotas electorales La incapacidad del grupo dominante en turno para construir un proyecto de partido incluyente. Un vicio inacabable en el PRI. El interminable fuego amigo que no ha encontrado tregua en los últimos 20 años El desgaste de los liderazgos naturales de las últimas 2 décadas El desdén de una nueva dirigencia nacional que lo último que quiere es encender la mecha en estados como Guanajuato Un dirigente débil que sólo se puede sostener por la fuerza de los estatutos

http://periodicocorreo.com.mx/polvora-e-infiernitos-28-diciembre-2015/
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