Opinión / Algo empieza a oler mal en Sapal

“En España, los pequeños accionistas e inversores no nos libramos de sustos y sobresaltos”, dicen ahorradores, jubilados e inversionistas al manifestar su miedo y preocupación ante la incertidumbre de lo que está por venir con la empresa Abengoa. En estos días, los ahorradores han presenciado cómo la empresa constructora, una de las grandes de España, solicitaba el preconcurso de acreedores (quiebra en México) y a la vez, era expulsada de la Bolsa española, Ibex 35; así las cosas, perdía prácticamente todo su valor bursátil. En su último día de cotización, Abengoa terminó su agonía cotizando a razón de 25 centavos de Euro, desde un valor de 5 euros, en noviembre del año pasado.

Con presencia desde España hasta Brasil, la empresa que era referente en ingeniería y en energías renovables en Europa es blanco de demandas y acusaciones por parte de los accionistas, que se agruparon en una asociación para demandar a la compañía y a su consejo de administración por “daños y perjuicios”.LINK

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